Es la cantidad de veces que he volteado -hoy-
creyendo que eras tú.
35…
las conté porque creo que he roto mi propia marca.
Te vi cruzando la calle,
y también subiendo a un taxi.
Estabas en la esquina vendiendo rosas
y en la plaza leyendo un libro.
Dos veces te vi sentada tomando un café
y una comprando cigarrillos.
Sí, aunque sé que no fumas,
has cambiado tantos hábitos que podría ser uno nuevo.
Si cambiaste tu pelo,
tu casa,
tus besos en mi boca…
¿por qué no podrías fumar?

Terminé almorzando comida armenia,
aunque no me gusta,
solo porque creí que eras tú
la chica que atendía del otro lado del mostrador.

Te vi de espalda en la peatonal,
cantando las mismas canciones
que una vez nos dedicamos,
pero la ilusión terminó enseguida,
no era tu voz,
la reconocería aun con todo el murmullo del mundo alrededor.

También te vi sirviendo tragos en un bar
y saliendo presurosa de un ascensor
dos segundos antes de que yo entrara.

Discutías por política en un almacén,
jugabas a las escondidas con dos niños,
te besabas con otra a la salida de un restaurant
y pedías una ronda de tequila,
mientras yo me abría paso entre la gente
tratando de acercarme para verte mejor.

35…
y en todas ellas se me heló la sangre,
te seguí desesperada varias veces
-aun sabiendo que no eras tú-
y me encontré persiguiendo tu recuerdo
hasta la puerta de edificios al otro lado de la ciudad,
solo para comprobar que estás tan lejos de mis pasos
como el destino de querer hacernos coincidir.

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