Hoy es otra noche en la que el traicionero insomnio
viene a hacerme compañía.
Se sienta en tu lado de la cama,
se ríe de mí.

Sus garras despiadadas atraviesan mis corazas
– esas que durante el día me mantienen en pie –
él las despedaza contándome de ti,
abortando mis intentos de olvidarnos.

Lo miro de reojo, fingiendo que lo ignoro,
pero el muy maldito con ahínco
me desnuda el alma y deja al aire mis herida.

Al cabo de un par de horas,
me gana la pulseada.
Sin remedio
me preparo un café, lápiz y papel
y le digo que al menos, esta noche,
no hablaré de ti
sino de él.

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