Me parece justo pedirte perdón
por todas las veces que te lastimé.
Mi vida tenía una maldición,
la marca de su mirada grabada en mis manos.
No te merecías ser quien soporte aquello
y no supe detenerlo.Fui tu herida sin querer,
a la que le dedicaste las mismas canciones tristes
que yo le canté al recuerdo de otra.
Me convertí en la mala de tu cuento
y aun así, sé que todavía me buscas.

Por eso quiero pedirte perdón
por haber sido en tu vida
lo que otras fueron en la mía.
Por las llagas que dejé en tu camino
y las astillas que llevas en los ojos.

Por haber dejado que me quieras
aun cuando sabía que yo no podía hacer lo mismo.
Tal vez no existe remedio
que sane las cicatrices de un corazón roto.

No hay nada que pueda borrar el recuerdo amargo que lleva mi nombre en tu voz
pero, si te sirve de consuelo,
he pagado mi karma
y sé que cada mujer que llegó después de ti
llevaba oculto el estandarte de tu venganza.

 

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