Cada tanto nos vuelvo a ver
en nuestro primer encuentro.
Tú en una esquina
y yo jugando a las escondidas.
No recuerdo los nervios o la ansiedad,
pero si llevo al detalle
tu sonrisa al girarte y encontrarme.

Y, entonces, me sonrío yo también
-como aquel día-
celebrando nuestra inocencia
de creer que el primer amor
sería el definitivo.

No volví a cruzar por tu barrio,
y dejé colgada aquella rebeldía adolescente que llevaba tu nombre,
pero de vez en cuando me pregunto
¿cuántos infinitos habrás prometido
sabiendo que el nuestro fue el más sincero?
¿Cuántas veces tu también
vuelves a aquella esquina de la estación
y le sonríes al recuerdo
de lo que alguna vez quisimos ser?

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