Malditos sean los recuerdos de media noche.

Maldito el calendario, las fechas pasadas y venideras, que se atascan en el medio de la nostalgia.
Malditas las charlas que te traen a mi mente.
Maldito sea tu nombre, que hace brotar mis lágrimas… incontenibles… traicioneras.
Maldita tu imagen clavada en ese rincón, también maldito, de mi inconsciente que te late.
Malditas tus mentiras, tus locuras, tus sonrisas.
Malditas estas ganas de saber cómo estás.
Maldito este sentimiento de ya no querer encontrarte.
Malditas las máscaras que me pongo a diario para seguir adelante.
Malditas tus pasiones, que me enamoraron y atormentaron.
Maldita esa forma que tuve de quererte, de amarte al punto de preferirte lastimándome antes que dejándome.
Maldita cada calle de esta ciudad, cada rincón donde nos besamos, cada esquina donde discutimos.
Maldita sea la noche en que descubrí el mayor de tus secretos, que me hizo justificar cada ataque, cada reacción, cada escudo que te ponías ante mí.
Maldito cada beso que me diste tras clavar tus puñales.
Maldita tu forma de pedir perdón.
Maldita tu forma de no pedirlo.
Malditos los miedos, las inseguridades y las dudas que quedaron tras nuestra separación.
Malditos nuestros anillos, nuestras palabras, nuestras miradas.
Malditas las mentiras que me tragué durante tantos años.
Malditos nuestros años.
Malditos los textos cómo este, que se atiborran de rencor y dolor.
Maldita esta madrugada, en que tengo que recordar cuanto dueles y cuanto mal nos hicimos, para no caer en la tentación de llamarte y decirte que extraño todo lo que no fuimos.

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