Hoy no sé qué sentir. ¿Hay un sentimiento correcto? ¿Hay un solo sentimiento? Se debaten en mis adentros dos fieras, tal vez tres: una cuestionadora, otra pasional y la tercera, que necesita una respuesta exacta, correcta y concreta para todo.

“Se murió el Diego” decía ayer el mensaje de mi hermana en WhatsApp. “¿Maradona?” respondí, y sin darle tiempo a decir más nada, entré a las redes sociales para confirmar la noticia que todavía no terminé de aceptar, pero desde el primer minuto me tiene en un ir y venir de emociones y preguntas. Igual que el día de su cumpleaños. Igual que cada vez que sale alguna noticia sobre “el 10”.

Mi ser cuestionador me dejó parada en la terraza, cuando sonaban las sirenas de la caravana que llevaba su cuerpo a la morgue, pasando a dos cuadras de casa. “No vayas” me decía. Un nudo en la garganta que se repite ahora, mientras escribo esto. Esa parte mía, que no se dice feminista, porque siente que el título le queda grande y que le falta mucha deconstrucción; pero que sí sueña con un mundo mejor, o al menos, no tan patriarcal; y que intenta cada día poner su granito de arena para eso. Esta parte mía que ve la persona fuera del ídolo, del mito, y no puede decir “tenía errores”; porque un error es algo muy distinto, porque si fuera otro, no lo llamaría errores. Ese pedazo de mi ser y de mi cerebro que no me dejó llorar a Maradona, como muchos otros sí pudieron hacerlo.

En la otra punta de este debate interno, está mi ser pasional, la que ve el mito fuera de la persona. La fanática del fútbol, la enferma de Boca, la hincha de absolutamente todos los deportes en los que se represente nuestra camiseta. Y el Diego era esas tres cosas: el fútbol, Boca y Argentina. Esa parte pasional que hoy a modo de “homenaje” al ídolo, se puso la camiseta celeste y blanca. Que mientras escribe, se le llenan los ojos de lágrimas que no caen. La parte que incluso coincidía políticamente con Diego. La que sabe que el nombre representaba mucho más que ser solo un jugador de fútbol. El pibe del potrero que nos llevó a la gloria mundial.

Y ahí vuelve mi ser cuestionador a preguntarse si por una copa del mundo, se puede aceptar cualquier cosa. Y la pasional le dice que no fue solo eso. Que el tipo sembró un poco de alegría a una generación que estaba, literalmente, destruida; y se convirtió en referente de miles de pibes de otras muchas generaciones, de acá y del mundo. Y la primera le dice que tal vez, deberíamos repensar, entonces, en dónde ponemos el foco como sociedad, en qué manos dejamos nuestra alegría y nuestra esperanza. Y la segunda la mira y le dice: “La pasión es algo que no tiene esa lógica. El amor nace en lugares tan contradictorios, como el amor mismo”. Y vuelven a debatirse entonces sobre el amor, lo sano, lo tóxico. Y se pelean entre ellas adentro mío.

La tercera las mira silenciosa. Se supone que no participa en este debate, ella solo busca encontrar una respuesta, esa que la deje conforme y le explique exactamente qué sentir. Esta tercera parte, está tan perdida como yo. Escucha los dos lados. Ve en las redes argumentos de cada posición, con los que está de acuerdo en muchos puntos. Pero ninguna respuesta la deja conforme en su totalidad. Así está, con la lágrima en la mitad del ojo. Asoma pero no cae. Duele pero se cuestiona ese mismo dolor. Se queda en la mitad, sin saber qué hacer. Y le molesta, porque parece una posición tibia, que no se la juega para ningún lado, pero no puede hacer otra cosa.

Tres fieras debaten dentro mío, tras la segunda noticia más trascendental de este año. Y eso es lo único que sé, que el 2020 nos deja una pandemia (con todo lo que significa) y la muerte (o el nacimiento) de un mito. Es la única certeza que tengo: que no importa si estás del lado de quienes lo consideraban D10S, o de los que lo odiaban, la muerte de Diego Armando Maradona, no fue indiferente para casi nadie, en todo el planeta tierra.

Tal vez sea la única persona que no sabe que sentir en este momento, la única a la que le preocupa encontrar esa respuesta correcta. O quizás, la verdad es que no hay un único sentimiento, no existe un lugar acertado donde pararse. Los sentimientos son eso, sentir. Y los cuestionamientos son parte de querer ser mejor. Ambos pueden tener razón o estar equivocados. No existe una verdad única, el mundo es un lugar lleno de matices, o al menos lo es mi interior. Esta vez, es posible que la respuesta correcta sea esa. Era Maradona, era el Diego. Era, como dijo una de sus hijas: “Gran ejemplo de todo lo que sí y todo lo que no”.

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6 comentarios

  1. Llorálo de una vez por que se lo merecía! Sí que tuvo errores, pero el que esta libre de pecado que tire la primera piedra. Tal vez le falto un buen y sano amigo o familiar que lo ayudara a tanta exposición mediática y de una riqueza que nunca en su vida pensó tener. En vez de acercarse para ayudarlo lo hacían para usarlo y sacarle lo que mas podían por que era muy bondadoso. Tal vez le exigíamos que además de su enorme talento diera más de lo que el tenía que dar.

  2. Creo q las millenialls estamos todas asi… no llegamos a ver la gloria q fue porq éramos muy chicos o no habían nacido, pero si vivimos todas las novelas q nos mostraron los medios, porq el Diego siempre vendía, cuando ya no por sus grandezas vendía más por sus miserias… pero tmb vemos el dolor de un pueblo y varias generaciones, vemos lo grande q es a nivel mundial, muy grande, creo q más de lo q imaginamos… vemos grietas cerrarse, camisetas abrazarse, cómo nunca en este país… y decís faa si el tipo provoca eso, quién soy yo para juzgarlo? Yo no lamenté tanto su muerte porq como dijeron por ahí Diego murió tantas veces y no moría nunca… como q ya lo tenía asumido q en cualquier momento se iba…además creo q se fue cuando, como y porque el quiso… vivió 60 años pero a máxima velocidad, son 1000 años de una persona normal, y es de esos q tenían q morir antes q se le envejeciera el cuerpo… yo veía posturas de uno y otro lado y entendí todas, me emocionó el pueblo, me asombró el mundo, entendí a las chicas q por ser otra generacion no entendían a los q lloraban… y me sentí un poco como Lisa en los simpson..te acordás? «Un alma noble engrandece hasta al hombre más pequeño» y vaya si era grande el alma de Diego… ojalá encuentre la paz q no tuvo nunca en la tierra… besote…

    1. Creo que la última expresión es la más precisa, tal cual Lisa. Y la gente terminó poníendome la piel de gallina (y ahi va la contradicción otra vez, siendo bostera jajajaja)

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