El Inicio

Antes de empezar, quisiera entrar en contexto.

Tenía una vida (o muchas) como «blogger». Esos espacios virtuales a los que llamaba «hogar» o «diarios íntimos, abiertos a todo público».

Entre 2007 y 2009 escribí 5 blogs bajo mi seudónimo: Lorelai (por la serie Gilmore Girls) que después convertí en LoreW. Ellos fueron acompañándome mientras descubría que me gustaban las mujeres. Necesitaba descargar en algún lugar todo lo que iba sintiendo y encontrando en ese “nuevo mundo”.

Los voy mirando uno por uno. Aún guardan cientos de recuerdos y nombres de colegas escritoras, con quienes nos comunicábamos de un blog a otro. Mientras revivo aquellas letras ajenas, también aparecen por sorpresa amigos y conocidos que aún conservo, pero había olvidado el camino que nos hizo coincidir, como así también algunos testigos sin rostro de los que nunca más supe, pero que durante esa época alimentaban con sus comentarios aquellos textos y mis ganas de seguir escribiendo.

Asoman, además, entre los mensajes, personas de un foro del que formaba parte. No voy a detenerme en este último, ya que es casi una historia aparte. Sin embargo, me doy cuenta que fue en esos espacios donde construí un lugar de pertenencia; los únicos tal vez, en toda mi vida, en los que fui feliz formando parte de «algo» siendo yo misma.

No pasó tanto tiempo, pero igual me siento vieja recordando hábitos de estos años: blogs, foros…como era entrar a revisar constantemente si había mensajes nuevos. Aún no teníamos aún la inmediatez de internet en el celular, pero nos dedicábamos tiempo: Para escribir, para leer y respondernos. No era requisito reducir nuestros sentimientos a una imagen cuadrada que aparece entre miles, ni nos limitaban las emociones a una cantidad de caracteres. Éramos libres de escribir tanto como nos diera la gana.

En la blogsfera, cada escritor tenía su propio estilo y forma de ser, y eso se notaba en sus espacios; los míos, al principio siempre intentaban mantener cierta estética, pero jamás lo pude sostener: inevitablemente terminaban siendo un caos (lo dicho, el reflejo de sus autores).

Sé que mucha gente aún los utiliza, pero siento que ya no es lo mismo. Para mí, los blogs fueron la primera red social (y tal vez la única) que permitió expresarme con libertad. Y, al mismo tiempo, conectar con personas de todo el mundo a través de la escritura. Allí contaba toda mi vida, porque en ningún otro lugar me sentía más a gusto que en mis blogs. Tal vez ahora, mientras revuelvo sus hojas virtuales y “re-escribo” aquellas historias, en realidad busco volver a encontrarme con esa sensación de libertad, con mi niña interna, soñadora y romántica. O quizás solo sea la “crisis de los 30”, que me llega 4 años tarde y me pone melancólica.

Como sea, si no encuentro las respuestas al final de este camino, al menos sé que me voy a divertir recordando lo que alguna vez llamé “segunda adolescencia”.

Puede ser que ahora, esas viejas historias vuelvan a servir para que alguien más se identifique en ellas; para que al leerlas, recuerden también sus primeros amores. Sin importar en qué forma haya sido, a la mayoría nos tocó alguna vez pasar por lo mismo: Que nos rompan el corazón, o rompérselo a alguien más.

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