Pero yo no –relato de un corazón roto

Este tal vez sea el capítulo más triste de todos. El viaje por mi blog me lleva a la fecha exacta en la que sucede lo que, años más tarde, cuento en el poema “Pero yo no” –que también forma parte de Pretérito Imperfecto-, uno de los peores encuentros con Lola.

Después de terminar con Flor, había decidido enfocarme en mi futuro. Era fines de agosto, fecha en la que suelo ponerme más melodramática, porque falta un mes y poco para mi cumpleaños. Entre salidas con amigas y planes de estudio, retomo el contacto fluido con Lola. Esta era una variable que se repetía históricamente con ella. Podíamos pasar varios meses sin hablarnos, pero siempre había algún mensaje de un lado o del otro, que nos acercaba (por lo general era más de mi lado).

En su costumbre de tirar y aflojar, Lola siempre hacía algún comentario que a mí me dejaba girando en falso: una indirecta, alguna pregunta incómoda, un “mirá lo que tengo colgado en mi cuarto”, seguido de una foto con algo que yo le había regalado. El fin de eso, era probar si todavía mantenía su poder sobre mí (ese del que tanto hablé anteriormente), para después hacerse la desentendida. Y la realidad es que sí, ella era la que tenía el timón en esta no-relación. Entre ese ir y venir, arreglamos para vernos después de una pequeña discusión en la que le reclamé por no ser clara sobre lo que le pasaba conmigo: “El sábado vas a entender todo”, me respondió a modo de promesa esperanzadora.

Otra vez me tocó emprender el mismo viaje hacia Escobar, aunque en esta oportunidad, y como una muestra de “madurez” de parte de las dos, fuimos a tomar un café lejos del centro de Matheu para hablar. Era la primera vez que hacíamos algo que se asemejaba más a la vida adulta. Parece una pavada pero, hasta ahí, nuestros encuentros siempre tuvieron que ver con sexo y conseguir un lugar donde poder escondernos. La única vez que cambiamos el paradigma, fue en la Marcha del Orgullo. Yo pensaba que, con este simple gesto, estábamos tomando un camino nuevo, pero me equivocaba.

Después de hablar durante casi 2 horas del estado de las rutas y las carreteras (como solía decir una amiga), fuimos a “La Esmeralda”. Nos metimos en uno de los tantos descampados de su barrio y, es al día de hoy que no recuerdo cómo, pero de un segundo a otro, todo se fue a la mierda. Durante muchos años traté de rearmar ese momento en mi cabeza, pero solo permanecen 3 puntos claves en este orden:

1- Hicimos el amor.
2- Me cortó
3- Me dejó sola, en medio de la nada, sin saber cómo volver.

Así, tal cual se lee. Nos estábamos vistiendo, cuando empezamos a hablar de lo nuestro. Y en el momento en que yo intentaba recuperar la relación, ella me decía que se terminaba.

Esto sí lo recuerdo exactamente como pasó: Le dije el “Te amo” más sincero de mi vida hasta ese momento; y juro que sentí algo rompiéndose adentro mío cuando me respondió “Pero yo no”. No es una manera de decir, no es una exageración literaria. Algo se quebró a la altura de mi corazón. Volví a decirle “Te amo”, y me pareció que esos pedazos se me iban del cuerpo junto con cada palabra, y ella me repitió, totalmente fría: “Pero yo no”.

La escena era casi como de película (ya lo dije, con Lola todo parecía una película): Un baldío cubierto de hojas secas, yo sentada en un tronco, mirándola con ojos de cachorro que quiere un poco de cariño y ella diciendo “vamos”, mientras se levantaba dándome la espalda. Tardé unos segundos hasta que pude incorporarme y seguirla, más allá de los 3 metros de yuyos y un pilón de ramas que nos separaban de la calle.

Lola se dio vuelta, me tiró un “chau” con un beso en el cachete y se fue perdiendo a lo lejos por el camino de tierra. Yo me quedé mirándola. En ningún momento giró para verme, ni atinó a volver. Debo haber estado unos 5 minutos más así, inmóvil, hasta que desapareció de mi vista y yo caí en la cuenta de que tenía que volver, pero no sabía ni dónde estaba parada. Empezaba a bajar el sol y en “La Esmeralda”, cuando se hace de noche, no se ve absolutamente nada. Tuve que llamarla 3 veces y mandarle un mensaje diciéndole que necesitaba saber donde tomarme el colectivo, para que me atienda: “Hacés 2 cuadras derecho y vas a ver la avenida. Ahí está la casilla donde para el bondi”. Eso fue todo. Cortó y no me escribió más.

El sábado vas a entender todo”, volví a casa repitiendo esa frase en mi cabeza, pero entendiendo menos que antes.Al otro día escribí en mi blog: “[…]Es tan cruel tener que comprender la realidad… es tan duro dejar de pensar y de amar, cómo hago para sacarme todas esas ilusiones que yo tenía?? no se puede.. no es tan fácil.[…]”, junto con un resumen de lo que había pasado y el tema de Cristian Castro, “Yo quería”. No me entraba más tristeza en el cuerpo.

Esta historia continuará...

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