Mi (segundo) primer beso -Parte 1-

Aunque mis historias en la blogsfera empiezan en enero de 2007, mi búsqueda interna (o más bien, confirmación de lo que ya intuía) había dado inicio 6 meses antes. Así me lo recuerdan los primeros post, que cuentan cómo intentaba olvidar a una rubia que me había «volado la cabeza» mientras tomábamos cerveza y me hablaba en “tano”. A veces pienso que en otra vida fui italiana, porque es un idioma que me mueve las entrañas cada vez que lo escucho, como si guardara una nostalgia de un pasado desconocido pero cercano al mismo tiempo.

La cosa es que a la rubia la soñé antes de conocerla. Sí, así de loco y místico como suena. Nunca me olvidé de aquel sueño, porque jamás volvió a pasarme algo similar:

«Estoy en mi trabajo y de repente algo se prende fuego. Puedo ver el humo y las llamas en mi sueño. Parada de espaldas, como si nada, hay una mujer rubia, no se mueve, parece no enterarse de nada. Yo me acerco desesperada diciéndole que tenemos que salir, pero en ese momento me doy cuenta que ella había causado el incendio. Mientras me debatía internamente entre esconder la evidencia o hablar, la rubia me mira con una sonrisa casi de película y me besa.»

Estuve todo el día dándole vueltas a mi sueño. Hasta ahí, jamás había besado a una mujer ¿Por qué soñaría algo así? ¿Será que esas «confusiones» que había tenido eran en realidad certezas? ¿Quién es esta mina que aparece en mi sueño?

Finalmente, mi instinto me hizo llamar a una amiga, la única que podía entenderme con algo así; además de que ella ya lo había pasado, era con quien hablaba de absolutamente todo. Cada vez que pasaba algo importante en su vida o en la mía, estábamos ahí, con un mate y un cigarillo:

-Moni, soñé que besaba a una mujer.
-Voy para allá, estoy con “alguien”.

Un par de minutos después, Moni y la rubia con la que había soñado, estacionaban en la puerta de mi casa.

También te puede gustar:

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *