Mi (segundo) primer beso –Parte 3–

Moni apareció en escena y yo solo quería que me tragara la tierra. En parte por la culpa, pero también porque en las horas que siguieron, entendí que para la rubia todo había sido poco más que un juego.

Moni iba y venía entre nuestra mesa y la de sus amigos. En realidad, más iba que venía, porque prácticamente no estuvo con nosotras durante la noche. Y, otra vez, parecíamos un chiste mal contado: yo miraba a la rubia, la rubia miraba a Moni, Moni estaba en su mundo y la chiva no quiere salir de ahí. Ya ni me acuerdo quién se fue con quien esa noche, pero estoy segura que a mí me tocó volver sola a casa, bastante pasada de alcohol y con la cabeza hecha un moño.

Pasaron los días, la rubia seguía su vida como si nada, mientras yo me debatía entre “confesar” y tratar de salvar mi amistad, o avanzar y ver hasta dónde iba todo. En aquel momento Moni vivía “ocupada” y poca atención nos prestaba a ninguna de las dos. Yo sabía que lo correcto era hablar con ella. Tal vez ahora no estaba tan presente, pero habíamos pasado muchos años de complicidad, de contarnos todo; no podía juzgar nuestra amistad por un par de meses no tan buenos, y mucho menos usar eso como excusa para mi comportamiento.

Un día finalmente tomé valor, la cité en una plaza y le conté todo: La identidad de la protagonista del sueño, el beso real, lo que me pasaba con la rubia. Lloré mucho, se me cerraba la garganta a medida que hablaba, pero largué todo… o casi. Mis palabras textuales fueron “La besé”, no dije “Me comió la boca”, ni “Nos besamos”; asumí toda la responsabilidad, unilateralmente, de algo que en realidad fue mutuo (¿para qué seguir embarrando las cosas?). Yo tenía todas las de perder, con la rubia no iba a pasar nada más y a medida que hablaba, entendí que también mi amistad con Moni se iba a pique; lo único que me quedaba era intentar salvar lo que fuera que había entre ellas. Sí, como en mi sueño: esconder la evidencia del incendio.

Nunca voy a olvidar la desilusión en la cara de Moni. Los ojos apuntando al piso, la cabeza haciendo constantemente “no, no”; mientras al mismo tiempo repetía: “Yo sabía, yo sabía”. Cuando terminé de decir todo, me miró a los ojos, se levantó y se fue.

Durante varios días no me habló y, por supuesto, yo corté toda relación con la rubia. Poco tiempo después, pasó algo que volvió a acercarme a Moni y así comienza mi blog, en enero de 2007, contando como intentaba recuperar a mi amiga mientras me olvidaba de la rubia y escribía “Algo_alguien”, un texto que habla de la historia con la rubia y que incluí en mi libro “Pretérito Imperfecto” porque fue de los primeros que compartí y realmente me gustó como quedó (teniendo en cuenta que tenía 20 años y mi escritura era muy diferente a lo que es hoy en día).

Después de varios meses, pude solucionar los problemas con Moni. Pasamos por muchas cosas, siempre acompañándonos. Hoy, aunque los tiempos no nos dejan coincidir tan seguido, cada vez que nos juntamos son horas y horas de hablar, reírnos, contarnos todo como en aquellos años. Tal vez ya no somos la primera a la que acudimos cuando pasa algo, pero en la memoria siempre está esa complicidad de amistad adolescente.

Por suerte, antes de mitad de año, ambas habíamos dejado atrás a la rubia. En mi vida empezaban a aparecer nuevas mujeres que me “volarían la cabeza” tanto y más que ella. Algunos amores correspondidos, otros no, pero todas las historias iban a dejar una huella en mí (y también algún poema).

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