Mi primer amor -Parte 1-

Mientras mi relación se terminaba, mi nuevo blog comenzaba a despegar; llegaban visitantes de otros “barrios vecinos” gracias al ya mencionado foro y a “Cultura Lesbiana”, que era como la madre de todos los blogs de tortas y bisexuales, en ambos podíamos dejar nuestras direcciones para quienes quisieran pasar a leer y saludar.

Así fue como llegó mi “primer amor” a mi vida y, por supuesto, prácticamente toda la historia está aún en mi blog. Si buscan la palabra “drama” en el diccionario, deberían aparecer fragmentos de aquellos relatos. ¡Qué manera de vivir como si todo fuera una película pochoclera! Disney no fue el único que afectó a nuestra generación, las comedias románticas también hicieron su parte derritiendo nuestro sentido común. A mis 20, yo era un claro ejemplo de eso.

Mientras estaba enredada en la historia anterior, la virtualidad me hizo coincidir con quien apodaremos “Lola” (no, no se llamaba Dolores, pero bien podría haber sido el caso). Lola vivía en Matheu, partido de Escobar, todavía no cumplía los 17 años, estaba terminando el colegio y se definía como bisexual pero ni su familia, ni sus amigos lo sabían.

A los pocos minutos de empezar a hablar, encontramos un par de coincidencias absurdas entre su mundo y el mío, y en solo 2 o 3 líneas de chat nos hicimos confidentes. Todas las noches pasábamos horas en videollamada: Ella me contaba que estaba medio enamorada de una profesora, y yo le hablaba de los problemas con mi novia. Todo era perfecto, una nueva amiga con quien charlar en el mismo idioma. Hasta el momento en que, mientras le contaba medio llorando otra de las tantas peleas con mi pareja, me dijo: ¿Por qué seguís con ella? No te merece. Si yo estuviera con alguien como vos jamás le haría algo así.”

Esa semana me separé. Para distraerme después de la ruptura, me junté a jugar al pool con una amiga. Mientras nos pasábamos las novedades, le conté lo que me había dicho Lola. Mi amiga se rió y me dijo muy tranquila: 

-A vos te pasan cosas con esa piba.
-No, es chica y recién la conozco.
-Bla, bla. Te doy tres días.

Y sí, tres días después, le confirmaba a mi amiga que me estaba enamorando. Sin darme cuenta mordí el anzuelo tras las palabras de Lola.

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